Carta a Aldo Ferrer

Escrito por: Administrador el 19 Agosto 2010 a las 10:58

Mempo Giardinelli inauguró la semana pasada un debate en Página 12 sobre la soja y el desarrollo agrario con una carta pública destinada a Gustavo Grobocopatel, uno de los más importantes productores sojeros del país. Este le contestó, lo que motivó la réplica de Mempo Giardinelli, pero también se sumaron Aldo Ferrer y Enrique Martínez. Aquí se reproduce la respuesta de Grobocopatel a Ferrer.

Estimado Aldo:

Recuerdo muy bien haber escrito juntos ese artículo sobre el modelo de desarrollo de la Argentina y también las largas charlas sobre el tema. Tengo claro que no hay diferentes visiones entre nosotros sobre hacia dónde debemos ir como sociedad y economía; nuestras diferencias están en cómo llegar. No voy a opinar sólo desde las ideas, lo hago comprometido e involucrado. En Los Grobo invertimos en industrializar materias primas con molinos harineros, avicultura y alimentos congelados y actualmente estamos invirtiendo en una fábrica de pastas. En ninguno de estos casos la decisión fue tomada y estimulada porque hay retenciones.Quisiera sólo hacer comentarios de alguien que no es economista pero que, con el respeto y consideración que sabes tengo por vos, tiene muchas dudas sobre tus argumentos que defienden la utilización de las retenciones.

En principio las retenciones son utilizadas desde hace más de 8 años en forma ininterrumpida y ocuparon mediante distintos tipos de mecanismos gran parte de los últimos 50. El balance general en estos años no fue bueno: no generó una industrialización competitiva ni sustentable, tampoco grandes cantidades de empresas argentinas de calidad global; los pobres aumentaron y la brecha con los más ricos también; el PBI de Argentina no creció como el de los países semejantes y otras medidas de bienestar más modernas arrojan resultados realmente malos. Para tomar un caso cercano: Brasil, sin retenciones y con un tipo de cambio bajo, tuvo todos los logros que no pudimos conseguir, disminuyendo la pobreza de forma sorprendente. Seguramente habrá muchas explicaciones, pero sin duda que las retenciones y tipo de cambio alto no son condiciones fundamentales para conseguir el país que ambos queremos.

Respeto tus argumentos macroeconómicos y aprendo con tus ideas, pero me gustaría contarte, desde la microeconomía, qué hubiese sucedido si no se hubieran cobrado retenciones (aquí remarco que es fundamental tener políticas de incentivos a la inversión, al combate contra la evasión y un Estado fuerte y dinámico: de calidad). Podría hablar de la historia que conozco bien, mi empresa Los Grobo. Con más ganancias hubiéramos invertido en industrializar más las materias primas. No es que no lo hayamos hecho –más por la visión que por el incentivo económico– pero, por ejemplo, tenemos un 10 por ciento de participación en una planta que faena 100.000 pollos por día y es la única inversión en una nueva empresa avícola en Argentina de los últimos 30 años. En Brasil las empresas más competitivas faenan 1.000.000 pollos por día. Es decir, que en nuestro país deberíamos haber generado una inversión mucho más agresiva en este sector y haber logrado empresas globales altamente competitivas. Chile lo está haciendo con maíz y soja argentina. En cerdos recién nos autoabastecemos, en lácteos deberíamos ser grandes proveedores globales con productos con denominación de origen, y ni hablar de otros sectores de la economías regionales. Como sabés, esto dinamiza a muchos otros sectores aparentemente desconectados de la agroindustria: la metalmecánica, la petroquímica, la industria automotriz, la electrónica, el software, etc.

En Brasil, por ejemplo, hay unas 20 o 30 empresas multinacionales de capital brasilero que el Estado ayuda para que sean número uno en el mundo. Creo que en el sistema impositivo está una de las razones más importantes por las que vamos perdiendo empresas en Argentina en manos de los extranjeros y también porque los emprendedores tienen poca capacidad de supervivencia y no pasan los primeros estadios de su evolución.

En el interior hay miles de emprendedores que, como Los Grobo, están en las gateras esperando las señales. Los pueblos de interior se llenarían de pymes y grandes empresas. El empleo aumentaría y se revertiría el proceso migratorio. El problema de fondo de las retenciones es que genera protección también a sectores que no pudieron ni pueden salir de sus problemas. Las políticas activas de Estado permiten, cuando son diseñadas tomando en cuenta los agentes que las reciben, aumentar la producción a la vez que disminuir los precios de los bienes y servicios que consume la gente, aumentando la calidad de vida de los habitantes y desarrollando la Argentina. Ese aumento en la producción permitiría además generar puestos de trabajo de calidad que incorporen la matriz de conocimiento del siglo XXI.

En lo personal tengo plena confianza en el despliegue del talento argentino en todos los ámbitos en los que somos buenos: software, agroindustria, diseño, producción de tubos sin costura, cajas de cambio, productos farmacéuticos, ciencia (eso que todos saludamos la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva), electrónica y esa otra gran industria sin chimeneas que es el turismo, que también constituye un factor de desarrollo y cohesión social en el interior del país. Necesitamos un mensaje claro del Estado, de la sociedad, y desde allí salir a conquistar el mundo con productos y servicios argentinos.

El impacto sobre los precios internos ya es un tema del que pocos dudan. En la soja el efecto es nulo y en el trigo y maíz es mínimo. En el pan o en una medialuna son mucho más importantes los costos de transporte, marketing, packaging, que el de la materia prima. En las carnes la baja de precios estará determinada por el aumento de la oferta, que es rápida en pollos, pescados y cerdos. Todos los países toman decisiones de política económica con arsenales diferentes, lo llamativo es que ninguno utilice las retenciones como eje central de su política de industrialización.

Coincido plenamente en que con la agroindustria no es suficiente, pero creo que debería ser el motor, por la demanda internacional y por las capacidades competitivas que tenemos.

Es como hicieron en Finlandia hace 20 años, que los llevó de una crisis terminal a ser el país número uno del mundo. En palabras del sociólogo Manuel Castells: “Apostaron a lo que andaba bien y lo potenciaron para darle una dimensión global; el resto de las industrias acompañaron y se desarrollaron, primero al amparo de los sectores más competitivos y luego por competencias adquiridas”. En Argentina debemos aspirar a ser uno de los mejores 30 países del mundo en los próximos 20 años.

Creo que el tema de retenciones o, mejor aún, el sistema impositivo de los próximos 20 años, es una discusión crucial para toda la sociedad. De ello dependerá hacia dónde caminaremos como sociedad y nación. El documento que escribimos juntos lo describe muy bien, en eso coincidimos. Creo que es tiempo de liberar las fuerzas productivas e impulsar un Estado de calidad. Hay que pagar muchos impuestos y el Estado debe dar cuenta a la sociedad de sus resultados. Soy partidario de reemplazar las retenciones –lo digo públicamente desde hace varios años y me gané varios enemigos–, no de eliminar el pago de impuestos.

Comprendo tus comentarios acerca de que la ciencia y la tecnología son materia de las manufacturas industriales, pero creo que nos debemos una visita al “nuevo campo” y que veas cómo la aplicación de biotecnología, nanotecnología y TICs está cambiando el sistema de producción. Con el agregado de que estas innovaciones son difundidas muy rápidamente en el sector.

Por último, con relación a tu afirmación de que las retenciones deberían ser “flexibles”, descreo, con mi corta experiencia, de que nuestro Estado tome las decisiones en tiempo y forma, ajustando los impuestos de acuerdo con las relaciones entre precios y costos. Creo que debemos definir reglas de juego claras por los próximos 20 años y cumplirlas. Creo que asignarle esta responsabilidad al Estado nos pone en riesgo de caer en burocracias y corrupciones varias que definitivamente nos condenarían a décadas de pobreza y marginación.

Sin retenciones pasaríamos de 10 a 20 millones de tn de trigo, el precio bajaría y recobraríamos nuestra participación en el mercado brasileño. En el caso del maíz es similar, pasaríamos de 25 a 50 millones de tn. De la carne ni hablar, gracias a las políticas tenemos la carne más cara del mundo. Los precios internacionales pueden subir, pero luego bajarán por el aumento de oferta; ésta es la historia que se repite desde hace décadas. Cuando los mercados funcionan bien, el mejor remedio para los altos precios son los altos precios.

Coincido contigo en que estos problemas deben ser integrados al proyecto de desarrollo nacional que pensamos juntos y sobre el cual escribimos. Espero que estas reflexiones públicas sirvan para entender los diversos puntos de vista que hay sobre por qué nuestro país es aún una promesa y, a pesar de sus múltiples condiciones, no está necesariamente predestinado al éxito económico ni social…

Un abrazo con el mayor afecto.

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4 Respuestas a “Carta a Aldo Ferrer”

  1. Felipe Frydman Dice:

    El sector industrial ha sufrido importante transformaciones en los últimos veinte años como consecuencia de la revolución tecnológica y de la aparición de Asia. La industria se ha mudado a Asia de mano de las multinacionales, y los países desarrollados se han especializado en las “nuevas industrias”: biotecnología, electrónica, informática, nano, diseño industrial, servicios, etc. Los economistas de los sesenta siguen pensando en el acero, petroquímica y máquinas herramientas.Las máquinas herramientas son caños que funcionan con electrónica. Las industrias tradicionales (textiles y calzados) necesitan mano de obra barata. Las industrias modernas operan con robots, ingenieros y controles automáticos, las fábricas están semivacías.

    Es una lástima que no pueda analizarse en profundidad la estructura industrial para ver qué es nacional y qué es importado.

    Atentamente, Felipe Frydman

    19 Agosto 2010 a las 13:41
  2. Susana Camillet Dice:

    Es imposible debatir (lo siento, yo no tengo la templanza de Giardinelli ni de Ferrer)con alguien que empieza sus argumentaciones con datos falsos. ” los pobres aumentaron y la brecha con los más ricos también; el PBI de Argentina no creció como el de los países semejantes ” ESTO ES FALSO. “Para tomar un caso cercano: Brasil, sin retenciones y con un tipo de cambio bajo, tuvo todos los logros que no pudimos conseguir, disminuyendo la pobreza de forma sorprendente” . En Brasil, la pobreza es inconmensurablemente mayor que en la Argentina, y ni que hablar de la diferencia entre ricos y pobres. Esta mirada ideologizada que saca conclusiones superficiales y hasta diria “snobs” es la que esta socavando la gobernabilidad de un gobierno que ha conseguido logros que ni en los mejores suenios se hubieran imaginado tiempo atras. Me da bronca que gente inteligente, obnubilada por autoconvencimientos carentes de “realidad” ponga palos a un gobierno que es orgullo de los que siempre pensamos que un pais mejor era posible.

    22 Agosto 2010 a las 12:12
  3. Osvaldo Feinstein Dice:

    Estimado Gustavo,

    Tu intercambio con Mempo y Aldo Ferrer me parecen muy valiosos, tanto por las ideas como por el tono ejemplar. Dos comentarios sobre tu carta a Aldo:
    1) El tema de las retenciones a las exportaciones en Argentina se viene discutiendo desde mediados del siglo XIX!
    Hace unos 25 años lo que se intentó fué reemplazar las retenciones por un impuesto a la tierra potencial, una buena idea pero que presentó serios problemas para su implementación (tuve la oportunidad de conocer de cerca la cuestión y de representar al Gob. Arg. en algunas discusiones sobre el tema). Creo que lo que planteás sobre un “Estado de calidad” es clave, porque abre nuevas opciones para que se pueda prescindir de las retenciones (caso contrario, subsisten a falta de una alternativa fiscal FACTIBLE que sea superior).
    2) En la discusión entre ustedes se supone que continúa siendo relevante la clasificación de la economía en “industria”, “agricultura”, “servicios”, (y “agroindustria”), clasificación que cuando fué introducida hace más de 50 años tenía mucho sentido, pero hoy en día ha quedado un poco obsoleta (como creo que tu propia experiencia y la de tantos productores muestra, se está dando cada vez más una integración entre actividades de los “sectores” tradicionales, y tenemos que pensar en otro tipo de clasificaciones que sean más apropiadas.
    Un saludo cordial,
    Osvaldo

    28 Agosto 2010 a las 9:42
  4. martin Dice:

    Desde Uruguay sigo con mucho interés estos intercambios. A susana me gustaría decirle un par de cosas:
    - Brasil tiene muchos más pobres y desigualdades que Argentina, pero la calve para ver quien hace las cosas bien y quien no, es mirar a las tendencias. Brasil en 40 años pasó de tener un PBI similar al argentino, a pasarlo por mucho. La pobreza viene bajando a ritmo asombroso. Todo sin retenciones y con cambio bajo.
    - Pese a las desigualdades sociales chocantes, los gobiernos de izquierda de lula en vez de querer destruir a los empresarios, los han apoyado a muerte, hasta culturalmente. Sobre todo a los del agrobusiness. El primer ministro de agricultura de lula es un empresario de primera línea. Los resultados hablan solos. En Argentina y Uruguay la mayoría de las grandes empresas fueron vendidas a capitales extranjeros, sobre todo de Brasil. Por más liberal que uno sea, que las empresas clave estén en manos de gente de ese país, es algo fundamental.

    31 Agosto 2010 a las 11:29