Grobocopatel:”Es negativo limitar la compra de tierras a los extranjeros”

Escrito por: Administrador el 11 Mayo 2011 a las 16:44

Nota publicada en el sitio www.cukmi.com | Por Marcela Mazzei
Gustavo Grobocopatel, uno de los más grandes productores de alimentos del mundo, fue entrevistado por Cukmi para analizar los dramáticos pronósticos formulados en la última edición de la revista “Foreign Policy”, donde se presagia escasez, nacionalismo de los alimentos, y guerras.

Qué dice Foreing Policy:

  • La suba de precio de los alimentos ya afecta a 2.000 millones de personas
  • Pero los aumentos en el precio continuarán a causa de una creciente demanda mundial, aumento de la población, crecimiento económico y producción de biocombustibles.
  • El cambio climático producirá graves efectos sobre la producción de alimentos por aspectos ambientales
  • EE.UU perderá la capacidad de amortiguar la crisis de alimentos en el mundo mediante excedentes de cereales o tierras ociosas de cultivo como hizo en el pasado
  • Ante una catástrofe climática los países desarrollados se aventurarán a alquilar o comprar tierras en países donde el pueblo se muere de hambre o harán contratos directamente con los productores a cambio de precios convenientes cuando su capacidad tecnológica de producir llegue al límite.
  • Surgirán nuevos “Nacionalismo de los alimentos”
  • Se combinarán condiciones apropiadas para un polvorín político. Ministros de relaciones exteriores y productores agropecuarios por igual son llamados a velar por la seguridad alimentaria. ¿Están preparados?

¿Qué dice Grobocopatel? ¿Habrá una catástrofe alimentaria? ¿Son los alimentos el nuevo petróleo? ¿Está bien limitar la venta de tierras a extranjeros?

CUKMI: El artículo plantea que el aumento del precio de los alimentos influye de manera desigual. ¿Cómo afecta a la Argentina?

GUSTAVO: Más que países, son segmentos de la población. Algunos están menos afectados porque dentro de su presupuesto el peso de los alimentos es menor, y cuanto más básica es la alimentación, más grande es el impacto. Pero esto es relativo, porque a medida que evolucionó el hombre, el precio de la materia prima es cada vez menos importante en el precio final del alimento y aumenta el rol del marketing, el packaging, el transporte, la marca, los servicios y el procesamiento. Y si vos tomás una medialuna, a lo mejor el impacto del trigo es el 10% solamente. Ahora, en un sector más pobre, el impacto sobre el pan quizás es del 50 ó el 40 por ciento, pero de cualquier manera no es directo. En las poblaciones que comen arroz o harina de maíz –las menos desarrolladas en consumo de alimentos– el impacto de la crisis es mayor. Entonces esto genera temores, intervenciones…

CUKMI: ¿Cómo se resuelve?

GUSTAVO: Hay varias cosas que se pueden hacer. Para bajar los precios de los alimentos, lo mejor es aumentar la producción. La producción aumenta porque aumenta la superficie de sembrado o porque aumenta la productividad. Las dos cuestiones tienen sus cosas complejas también, sino sería fácil. Por un lado, hay que aumentar el área sin tocar ecosistemas que producen altos servicios ambientales. Ahí hay restricciones, pero todavía hay mucho para crecer en superficie, en muchos países, incluido la Argentina o Brasil. El Estado y el sector privado deben acordar hasta dónde se puede ir y bajo qué reglas.

CUKMI: Es optimista respecto a esta crisis…

GUSTAVO: Hoy podemos tener una postura más maltusiana –que estamos más cerca del fin (ver “Catástrofe malthusiana”)– o apostar a que nuevamente la tecnología y la ciencia puedan arreglarlo. Pero además del aumento de la superficie y productividad, con sus variantes, hay que racionalizar el consumo de alimentos. Un norteamericano consume cuatro veces más energía en la alimentación que un latinoamericano y casi dos veces más energía que un europeo. Hay una ineficiencia mayor en EEUU por la dieta que tiene más grasas. Debe haber un cambio de dieta, el tema es cómo se hace eso en una sociedad democrática, libre, con normas determinadas. Ahí se juegan la cultura y los intereses económicos. Creo que hay que empezar a intervenir más en este tema, pero no sólo el Estado. Es un tema colectivo, de la sociedad civil y del Estado.

Menos carne y más lentejas

CUKMI: ¿Cómo deberíamos  modificar la dieta?

GUSTAVO: Hace poco estuve en la India, un país que consume cuatro veces menos proteína promedio que la que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Hay dos formas de abastecer de proteína: a través de carnes o legumbres. Éstas son mucho más eficientes energéticamente que las carnes. En la India es más fácil porque culturalmente son vegetarianos, o sea que hay una restricción cultural, pero creo que el mundo deberá comer menos pollo y menos bife y más lentejas.

CUKMI: ¿A qué llamás eficiencia de los alimentos?

GUSTAVO: Para producir un kilo de carne vacuna se necesitan 8 kilos de materia prima; para producir un kilo de pollo, dos kilos (el pollo es cuatro veces más eficiente que el ganado). El pescado es todavía mucho más eficiente, porque para hacer un kilo de pescado se necesita más o menos un kilo y medio de alimento balanceado. Una dieta de pescado y de pollo es mucho más eficiente que una de carnes rojas.

Suba de precios

CUKMI: ¿Qué papel juega la demanda en el aumento de precios?

GUSTAVO: Le asigno un rol fundamental a la explicación estructural que está vinculada con la demanda. Felizmente, hay más gente en el mundo que puede comer mejor. El mundo come 100 de alimentos, de esos 100 hay una parte que se produce en el país y se consume en el país y una parte se comercializa. Lo que se comercializa en relación a lo que se produce es bajo. De 100 es 10 ó 15. Eso quiere decir que cuando empezás a consumir más, como los intercambios son bajos en relación al consumo total, cualquier cambio en el aumento de consumo te deja sin comercio internacional. Lo que ha habido es un aumento en el consumo en los últimos 10 ó 20 años, por un aumento general de la riqueza y de acceso a la comida, porque la gente empieza a cambiar sus hábitos alimentarios hacia productos más sofisticados como las carnes, que además son más ineficientes y a la vez agudizan el problema.

CUKMI: ¿Y esto se puede cambiar?

GUSTAVO: Entonces es como que la felicidad de que haya más gente que come y que coma bien produce un aumento en el precio de los alimentos que, por otro lado, puede dejar a mucha gente fuera del sistema. Eso es lo que pasó en los últimos 20 años. Pero si analizás los últimos 200 años, los precios de los alimentos fueron cayendo, no subiendo. Si analizás toda moneda constante, hoy los alimentos todavía valen menos de lo que valían hace 100 años; y no solamente valen menos sino que ahora hay más acceso a una mayor diversidad de alimentos. Es decir, estamos progresando.

Si encaramos políticas proteccionistas, detenemos el desarrollo de la biotecnología

Pero el precio de los alimentos –como describe el artículo– es estructural: el aumento de la demanda requiere otro nivel en los precios y esos precios deberían incentivar el aumento en la producción, la productividad y la inversión. Cualquier cosa que nosotros hagamos para impedir este proceso, va a ser negativo. Es decir, si encaramos políticas proteccionistas, detenemos el desarrollo de la biotecnología, le ponemos límites abruptos al crecimiento de la superficie sin entender dónde sí y dónde no, vamos a estar perjudicando el problema y finalmente los precios subirán. Los gobiernos podrán intervenir para bajar los precios, pero lo que lograrán en realidad es que baje el consumo y que bajen las posibilidades, no los precios solamente. Es un problema fundamentalmente de los consumidores.

El rol de Argentina

CUKMI: ¿En la Argentina, en el mercado interno, se comprueba que hay más acceso?

GUSTAVO: La Argentina tenía una alimentación casi lujosa, con consumo de carnes de altos estándares internacionales. Lujosa e ineficiente también. En Argentina todavía tenemos problemas de sectores de la población con hambre y desnutrición pero no están tan vinculados con la disponibilidad de alimentos sino con cómo es el acceso a esos alimentos. Es un problema de organización, de cultura.

CUKMI: ¿Cuál es el rol en el mundo de la Argentina como productor de alimentos?

Argentina tiene un compromiso muy grande con el mundo

GUSTAVO: Argentina tiene un compromiso muy grande con el mundo en este tema, y una misión que cumplir. Porque puede producir el doble de alimentos de lo que está produciendo, no solamente materias primas sino productos elaborados. Y ya no estamos hablando de lo que significa para la economía interna, para el crecimiento del país, el desarrollo, la inclusión, sino que el mundo necesita de la Argentina, de una Argentina próspera y que produzca cada vez más.

¿Más comida o más combustibles?

CUKMI: ¿Cómo afectan los biocombustibles al precio de los alimentos?

GUSTAVO: Ahí quiero decir que no son todos los biocombustibles sino el maíz que se usa para etanol, que ha agudizado el problema en Estados Unidos. De cualquier manera, es bueno que se sepa que no es que de un kilo de maíz sacás solamente etanol, sino que la mitad seguís obteniendo alimentos. Este es el problema de 10 ó el 20% de los biocombustibles; el resto es etanol de caña de azúcar, como en Brasil, y es un sistema sumamente eficiente. En el futuro será etanol de celulosa, pero lo interesante es lo siguiente: mientras que necesitábamos 200 millones de años para transformar un vegetal en petróleo; ahora vas a necesitar 8 meses para transformar un vegetal en petróleo. Hay un cambio muy grande en el paradigma energético vinculado con la agricultura. Ahora, EEUU decidió esa postura porque quiere tener cada vez más autoabastecimiento, depender menos de los países petroleros, de Medio Oriente y de Venezuela. Una medida de protección.

Los biocombustibles producen en 8 meses lo que antes llevaba 200 millones de años

Ahora, en el futuro EEUU va a armar una sociedad muy fuerte con Brasil para abastecerse de etanol. Hoy en Brasil se están construyendo etanolductos, cañerías de miles de kilómetros que transportan etanol desde Mina Gerais y el interior de San Pablo a los puertos, en el futuro va a ser eso: grandes refinerías de etanol, muy eficientes desde el punto de vista energético, que estén produciendo en 8 meses lo que antes llevaba 200 millones de años.

CUKMI: ¿Y qué hay sobre el argumento que dice que si se producen biocombustibles no habrá alimentos…?

GUSTAVO: Bueno, en este caso ojalá no comamos más azúcar. El azúcar es nocivo, yo soy diabético… Si hay un alimento que no se necesita es el azúcar, probablemente el chocolate tampoco.

CUKMI: ¿Es posible que Argentina pueda competir en este mercado, con Brasil?

GUSTAVO: Pienso que sí. Argentina está desarrollando su industria azucarera ahora. No creo que pueda exportar mucho pero sí empezar a sustituir el petróleo de consumo interno. De hecho lo está haciendo.

El poder del campo

CUKMI: El informe pone en nivel de igualdad a los agricultores y los ministros de relaciones exteriores como factores de poder. ¿Es así?

GUSTAVO: Por mi propia experiencia, te digo que sí. Gobiernos y presidentes me invitan a conversar sobre el futuro de los alimentos, y me preguntan qué va a pasar, cómo pueden hacer para producir en su país, para comprar tierras en la Argentina. También los industriales, los procesadores que buscan hacer asociaciones. Es algo muy interesante, muy novedoso y muy impactante, porque puede llegar a ser una oportunidad de integración global múltiple de Argentina con el mundo.

CUKMI: ¿Y están los agricultores argentinos preparados para cumplir este rol?

Argentina tiene el sector agrícola más sofisticado del mundo

GUSTAVO: Argentina tiene el sector agrícola más sofisticado del mundo: 70% de la gente es profesional, también el 70% tiene menos de 45 años, según un estudio del IAE. Es joven y profesional. Nos falta un mayor grado de integración con el resto de la comunidad, porque es un sector innovador y emprendedor que está muy aislado de lo que sucede. La sociedad no lo comprende y no se siete comprendido; las relaciones son bruscas, porque el agricultor en todo el mundo es culturalmente una persona solitaria. Vivir en el medio del campo genera cierta reacción, es alguien conservador por naturaleza –no por ideología–, porque trabaja permanentemente con el riesgo climático. Y eso la sociedad urbana no lo entiende. Hay un conflicto que resolver, porque necesitamos percibirnos como parte de un todo.

La era de la información

CUKMI: ¿Qué tan importante es el manejo de la información?

GUSTAVO: Es fundamental la información de mercado, la climática, la tecnológica, la genética y la que viene de los vínculos con las personas: la información relacional. Esto no es propio del campo sino transversal a toda la sociedad: estamos en la sociedad de la información. Algunos usan más, otros menos, pero el que usa información es más competitivo.

CUKMI: ¿Son fuentes públicas o más reservadas?

GUSTAVO: Hoy la información circula libremente, es muy democrática y te diría que el problema no es el acceso sino la capacitación de la gente para poder acceder.

El “Calentamiento global”

CUKMI: El informe de Foreign Policy afirma que con el cambio climático por cada grado que aumenta la temperatura se pierde un 10 % de las cosechas. ¿Esto es así?

GUSTAVO: Hay cultivos que son afectados por el aumento de las temperaturas y otros son favorecidos. Por ejemplo, la soja responde positivamente al aumento de la temperatura, el trigo negativamente; el maíz requiere altas temperaturas de día y bajas de noche. Inclusive no se sabe muy bien el impacto del cambido climático: muchos estudios dicen que va a beneficiar a la Pampa húmeda, porque el suelo argentino con un grado más de temperaturas y lluvias es lo mejor que te puede pasar en el mundo. Esto no quiere decir, primero, que sea cierto esto que acabo de decir, y segundo que yo crea que el cambio climático favorece; para nada, lo que puede venir con el cambio climático es algo inesperado y como todas las cosas inesperadas va a generar mucho sufrimiento en la gente.

CUKMI: ¿Qué ocurre con las napas para riego?

GUSTAVO: Ese es un problema en algunos lugares del mundo, por ejemplo en la India, donde están bajando las aguas y allí el 80 % de la producción agrícola es irrigada; mientras que en Argentina es el 5%. También es un problema en algunos estados de EEUU como Nebraska. Ahí hay una restricción, un límite que hay que manejar.

CUKMI: Eso genera movimientos comerciales…

GUSTAVO: Por supuesto, si vos producís menos en la India y menos en EEUU, normalmente los precios suben y hace que se pueda sembrar más en la Argentina y en Brasil, o en África.

CUKMI: Esa tendría que ser la respuesta.

GUSTAVO: Debería ser la respuesta. Ahora, pueden decir que pasó eso y no pasó nada. Pero la respuesta no es inmediata y en general por intervenciones del Estado que son negativas. Si un Estado te prohíbe la compra de tierras, no viene inversión para producir más.

No hay nada más importante que los alimentos

CUKMI: Dice Foreing Policy “cualquier civilización puede sobrevivir a la pérdida de reservas de petróleo pero no a la pérdida de reservas de suelo”, ¿es tan así?

La siembra directa es la mejor noticia en cinco mil años de agricultura

GUSTAVO: Sí, yo coincido en este tema. Cuando uno mira la historia de la humanidad, está muy vinculada con la agricultura. La Mesopotamia del Tigris y el Eufrates es un desierto y fue un lugar muy floreciente; al igual que África y la civilización Maya, donde hubo una devastación de los recursos naturales. Pero el hecho que ahora se haga agricultura sin labrar la tierra a través de la siembra directa es la mejor noticia en cinco mil años de agricultura. Pasa que es tan cercano a nosotros… es como el que dice “qué va a hacer este bueno si es mi vecino”. Una vez en la Cámara de Senadores dije que a la Avenida del Libertador había que ponerle Avenida de la siembra directa en algún momento… Fue un chiste, para que nadie se ofenda, pero quería remarcar que en los últimos 30 años los agricultores dimos vuelta 5 mil años de agricultura con labranza a una agricultura sin labranza y eso tiene impacto en la conservación de suelos. Si no hubiese siembre directa, esta conversación hubiera sido totalmente diferente, hubiésemos estado discutiendo desde una base de pobreza y hambre muy grande. Y hoy estamos discutiendo sobre la base de cómo redistribuir.

Proteccionismos

CUKMI: La última suba grande de precios de alimentos en 2008-2009, tuvo como consecuencia la restricción de las exportaciones en algunos países.

GUSTAVO: A eso me refería con el proteccionismo, pero es injusto decir que es sólo por eso. El proteccionismo lo que hace es agudizar y hacer más lento el proceso, no es el responsable. Cualquier medida proteccionista lo que hace es que tarde más tiempo o que sea más costoso corregir este problema.

CUKMI: El artículo es explícito: Rusia y Argentina restringieron exportaciones cuando los precios subieron, ¿fue la famosa protesta del campo?

GUSTAVO: La protesta del campo tuvo que ver con las retenciones, no tanto con la intervención en el mercado, pero hoy la intervención en el mercado es tan importante como las retenciones, fundamentalmente en trigo y en maíz. Porque que si uno liberara el mercado de trigo y maíz, tendría más producción y bajarían los precios: no veo ningún argumento por el que tener intervenidos esos dos mercados. Argentina debería producir muchísimo más. En el caso que suban los precios, creo que hay que subsidiar a los sectores más pobres directamente con el pan.

CUKMI: ¿La restricción de exportaciones sucedió?

GUSTAVO: Sí, sucedió y de hecho las producciones de trigo y maíz están bajas, estancadas. Argentina tiene 95 millones de toneladas de producción de granos hace 5 ó 6 años. No lo podemos superar, estamos en una meseta. Eso debería hoy estar en 120, 130 millones de toneladas, que es la tasa de crecimiento que tiene Brasil.

CUKMI: ¿Y cuál fue el argumento de esta restricción de exportación?

GUSTAVO: Básicamente defender el precio, desacoplar los precios internacionales a los precios internos de tal manera que el consumidor no se vea afectado por el aumento a los precios internacionales. Pero finalmente el pan acá ya vale más caro que en Brasil o en Uruguay. Es decir que no se logró eso. No juzgo las intenciones, digo que ya se sabe que no funcionó. Se puede corregir, o ir corrigiéndolo de a poco.

CUKMI: Ante estas restricciones de exportaciones, los países importadores tuvieron una reacción, con dos medidas novedosas: comprar tierras en otras zonas y hacer acuerdos directamente con exportadores…

GUSTAVO: Eso es más teórico que lógico. Hay compras de tierras, de empresas chinas o indianas en África, sí, como hay compras de tierras de fondos internacionales en Brasil; en Argentina menos pero creo que también. Pero eso tiene que ver más con que se invierte pensando en el futuro de los agronegocios. Antes el dinero se colocaba en otros sectores de la economía, ahora en los agronegocios; antes los ingenieros agrónomos éramos palabra prohibida para los banqueros, ahora somos las estrellas para todos los bancos.

Es negativo limitar la compra de tierras a los extranjeros

CUKMI: Hay un proyecto de ley en la Argentina para limitar la compra de tierras por parte de extranjeros…

GUSTAVO: La presidenta lo propuso. Con este tema de la tierra tengo una posición crítica: si alguien compra tierra en la Argentina, nadie va a poder llevársela, no hay un problema de control. En todo caso, no importa tanto controlar la tierra –que es un stock–, sino el flujo, es decir, lo que se produce en la tierra. Incluso Brasil que avanzó bastante está retrocediendo en ese tema. No me parece mal lo que hace Uruguay, que exige que las sociedades sean nominativas, que uno pueda entender quiénes son los propietarios finalmente, pero prohibir la compra a extranjeros me parece una medida innecesaria y negativa. La sociedad del conocimiento es una sociedad de flujos; el poder no está en Internet, el poder está en quién usa Internet.

CUKMI: Corea del Sur, por ejemplo, acuerda precios fijos directamente con los productores…

GUSTAVO: No está mal eso, ¿no? Es una opción comercial. Daría la impresión que el mercado internacional de granos también está cambiando hacia una relación más directa entre productor-consumidor, sin tanta intermediación.

CUKMI: El artículo lo llama “nacionalismo de los alimentos” en contraposición a la cooperación internacional. Y da el ejemplo de cómo EEUU pudo alimentar con sus reservas a la población en India después de un monzón…

GUSTAVO: … pero a cambio de otras cosas. La cooperación internacional no sólo fue por generosidad sino por interés. Siempre comento que ningún país es relevante en el mundo si no es líder en algo. Si sos líder en agricultura, en soja y demás, Argentina tiene importancia. Si no tenés importancia, nadie te va a ayudar y nadie te va a dar nada.

La era de la conciencia

CUKMI: El informe dice que pasamos de la era de la abundancia a la del ajuste…

GUSTAVO: Pasamos de una era de la abundancia a una era de la conciencia, más que de la escasez. Las sociedades en su conjunto tienen que tomar más conciencia de su relación con el medio ambiente, con la alimentación y tener una actitud más responsable. Esto está vinculado con la educación. Mis hijos son mucho más responsables que yo, derrochan menos. Vamos a una era de la conciencia, que tiene desafíos de corto y largo plazo. No son fáciles pero seguramente este tipo de restricciones, aumentos de precios, shocks, van a acelerar esos cambios. La sociedad civil y el Estado en conjunto tienen que analizar este tema y ver cuál es la forma que se adapta mejor a la cultura y a las posibilidades locales. Y también creo que hay una misión global de las sociedades. Argentina tiene un rol que cumplir. No es una decisión soberana totalmente, las soberanías son diferentes en la globalización; estamos mucho más interrelacionados. Argentina por suerte tiene esta oportunidad de ser algo importante para el mundo, tenemos que reaccionar.

CUKMI: Pero hay resistencias. La idea de que teníamos una dieta en carne de altos estándares y ya no se muestra como algo negativo.

GUSTAVO: No es negativo, no es así. La OMS dice que hay que comer más verduras y más frutas, que por otro lado generan producción y puestos de trabajo. Los líderes sociales tenemos que aparecer en las fotos comiendo una lechuga, arroz integral, lentejas, algo que genera más conciencia en la gente. Fui vegetariano cinco años, y viví un buen momento en mi vida siéndolo. Lamentablemente me he vuelto a veces carnívoro, poco, trato de comer poco, pero todos tenemos que empezar a achicar, a cambiar esa dieta, la proteína reemplazarla por legumbres, incorporar frutas y verduras, generar aumento de producción y consumo.

CUKMI: Da la impresión de que los argentinos podíamos darnos el lujo de comer más carne o más simplemente, pero eso tiene consecuencias…

GUSTAVO: Por eso digo que la era de la conciencia –no de la escasez– debe debatir todos estos temas. Además de la “conciencia” porque el médico nos dice que comamos menos carne. Es parte de ese proceso colectivo. Acá en la Argentina dicen que la gente come carne y si le sacás la carne se muere, digo que no hay una única forma de comer. Es un tema cultural y las culturas se pueden modificar, espero que sea porque hay conciencia y no porque hay escasez, porque ahí sí vamos a sufrir.

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