Nanosatélites: por qué pueden generar una revolución en el agro

Escrito por: Grupo Los Grobo el 4 abril 2017 a las 17:47

Hace casi un año, se pusieron en órbita Fresco y Batata, dos satélites que pesan sólo 40 kilos. Pueden generar una lluvia de datos ideal para prevenir plagas o problemas con el agua.

A fines de mayo de 2016, la Argentina puso en órbita dos satélites de observación de la tierra, Fresco y Batata, desarrollados por la empresa nacional Satellogic, que inauguraron un nuevo paradigma en tecnología espacial.

Con sólo 80 cm de alto, 40 de ancho y 40 de profundidad, se convirtieron en los primeros nanosatélites argentinos en surcar el espacio con fines comerciales, que van a asistir al estudio de los recursos naturales y brindar servicios para la producción agropecuaria.

Según Martín Garbulsky, docente de la cátedra de Forrajicultura de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) e investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones en Fisiología y Ecología Vinculadas a la Agricultura (Ifeva), se trata de “una verdadera revolución, porque el tamaño de los satélites ha pasado de varios cientos de kilogramos a unas pocas decenas. De esta manera se consigue desarrollar satélites más baratos y tecnológicamente más modernos, ya que el proceso de diseño, construcción y lanzamiento es mucho más corto”.

Una verdadera revolución

Según señaló en una nota publicada por el sitio de divulgación científica Sobre la Tierra (SLT), de Fauba, “hasta ahora, los proyectos llevaban mucho tiempo. Se hacían satélites grandes, pesados, con altos costos para ponerlos en órbita”; por eso, “el diseño de satélites más livianos representa una disminución muy importante del costo, que también involucra a las imágenes o datos que luego están disponibles para los investigadores o los usuarios finales”.

Por ejemplo, el satélite Landsat, uno de los satélites más conocidos que se utiliza para la observación de la tierra, pesa unos mil kilos; en cambio, estos nanosatélites pesan sólo 40 kilos.

Otra ventaja de hacer satélites más pequeños es que pueden ser puestos en órbita en pequeños espacios disponibles en los cohetes. Por eso, la disminución en el tamaño aumenta la chances de conseguir un pasaje para volar al espacio.

Es el ejemplo de Fresco y Batata, que fueron puestos en órbita con un cohete lanzado desde China. Se espera que ambos se sumen en los próximos años a una constelación conformada por más de 100 satélites.

Servicios para el agro

Fresco y Batata son el comienzo de una constelación que proveerá imágenes de la tierra cada cinco minutos, una vez que se vaya completando con más satélites en órbita para 2020.

Estos satélites de observación terrestre, como los desarrollados por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), se sitúan en órbitas bajas, entre 400 y 700 km, y por lo general poseen órbitas polares: dan dos vueltas a la tierra por día.

“El desafío es cómo hacer para que esa información nos pueda servir en las áreas de los recursos naturales y la producción agropecuaria”, dijo Garbulsky. En este sentido, destacó que la mayor disponibilidad de imágenes tomadas desde el espacio ayudará a tomar dicciones en la tierra, en un tiempo más cercano al real. 

“Necesitamos tomar decisiones más frecuentemente que ahora: Por ejemplo, con estas imágenes vamos a poder detectar de manera temprana un incendio, el estrés hídrico o el ataque de una enfermedad o de plagas en los cultivos”, mencionó.

Otra de las novedades es que con estos nuevos satélites prevén ofrecer servicios orientados al usuario final: “Hay que hacerle las cosas más fáciles al productor, con información más concreta, para que pueda decidir, por ejemplo, si fertiliza o no, y dónde, en vez de tener que procesar una enorme cantidad de terabytes de datos, que para el usuario final sería tedioso o imposible”.


Fuente: agrovoz.com.ar

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