“Sería un retroceso que en octubre ganara el sector peronista k”

Escrito por: Alejandro Juancorena el 16 mayo 2017 a las 10:41

El Rey de la Soja analizó con Letra P la marcha de la economía, la realidad del campo y el proceso político. Respaldó al Gobierno, pero le exigió corregir variables para que lleguen inversiones.

Gustavo Grobocopatel, cabeza del grupo Los Grobo y uno de los líderes del sector agropecuario, recibió a Letra P en su oficina del Bajo porteño, donde habló a agenda abierta. Allí, apostó a que “al Gobierno le vaya bien”, pidió “una oposición responsable que entienda qué pasa en el mundo”, consideró que “sería un retroceso un triunfo del peronismo más k en octubre” y refutó: “Se dice que éste es un gobierno de CEOs, pero gobiernan como políticos”.

Desde su experiencia asesorando a la Venezuela de Hugo Chavez, sus expectativas con el Gobierno de Cambiemos y su apuesta por una Argentina “más integrada, con un desarrollo basado en las exportaciones, el consumo interno y las inversiones”, en la entrevista a continuación.

-¿Cómo ve la reactivación que tiene el sector agropecuario? ¿Le hace algún ruido con respecto a la caída que tiene el consumo hace varios meses?
-Creo que los cambios en las variables macroeconómicas generan impactos diferentes de acuerdo a los sectores. En el caso de la agroindustria, lo que ha habido es un aumento en la producción muy relevante. Hace tres años producíamos 100 millones de toneladas y ahora, 130. Es un 30% más de producción y estimamos que en los próximos dos o tres años se puede ir a 150, lo que implica más servicios a los camioneros, más restaurantes en la ruta que proveen servicios a la gente que transporta granos. También hay datos muy relevantes en el tema de la maquinaria agrícola, venta de camiones y pick-ups.

En el interior se está viviendo una reactivación y un optimismo bastante grandes. No necesariamente está vinculado con una mejora de la situación económica, pero sí hay un cierto optimismo. Esto se expande en algunas ciudades grandes, en algunos centros urbanos como Rosario, Córdoba y Tucumán. Y convive con sectores en crisis: la lechería está en crisis (agudizada por el conflicto de Sancor), el sector frutihortícola del Alto Valle de Río Negro también (que viene de hace varios años) y algunos sectores que están en mano de obra intensivos también impactados por el fortalecimiento del peso dicen que no pueden exportar. La realidad es compleja. No se puede decir que todo va bien o todo va mal. Hay cosas que van funcionando de distintas maneras.

-Recién mencionó el tema de Sancor y no sólo la crisis está ahí, también en La Serenísima hay problemas económicos y financieros. ¿Cómo se explica eso dentro de un sector en el que hay pocas empresas?
-Nosotros creamos un sector lácteo orientado al consumo interno. Creamos agroindustrias para el consumo interno. No creamos agroindustrias para integrarse y competir en el mundo. Por ejemplo, el sector lácteo es muy importante a nivel mundial. En China, la demanda de leche es mucho más importante que la demanda de soja. El aumento y el comercio de lácteos son más importantes y, sin embargo, no tenemos presencia internacional como sí la tiene Nueva Zelanda, que ha hecho un tratado de libre comercio con China para poder colocar sus productos lácteos. Entonces, esta idea de crear empresas para consumo interno y no pensar en la exportación es lo que hace que sea más débil el sistema. Yo creo que tiene que haber una reestructuración de estas empresas que han sido emblemáticas. Hoy están naciendo otras empresas más integradas con el exterior que creo que van a ir ocupando parte del espacio o del crecimiento futuro que va a haber. Soy muy optimista con la leche: pienso que va a haber una crisis, un reacomodamiento y, después, un proceso de expansión muy grande.

-¿El Gobierno debería hacer algo más para buscar un salvataje de estas empresas como Sancor o correrse y buscar un socio extranjero?
-En todos estos cambios macro, el Gobierno piensa que hay que generar una serie de mecanismos desde las políticas públicas para hacer que esas transiciones sean más suaves y les dé la posibilidad a las empresas de repensarse y readaptarse a las nuevas situaciones. El Ministerio de Producción tiene un área para industrias competitivas y una para industrias que hay que transformar. Entonces, tiene una batería de cosas. Ahora, no se puede sostener una empresa durante diez años porque eso es un costo para la sociedad que impacta en otra parte.

-Antes se refirió a agroindustrias pensadas para crecer en el mercado internacional y también en el sector avícola, que tuvo un 2016 difícil. ¿Eso no es un problema al mismo tiempo? ¿Esa reconversión no tiene un costo social?
-En el mundo, las experiencias dicen que, cuanto más podés exportar, también se beneficia el consumo interno. No necesariamente más exportación significa aumento de los precios internos. Eso es un mito que había antes y que la realidad lo derribó porque, en la medida que exportás y te hacés más competitivo, empezás a producir más y esa mayor producción genera mayor oferta y caída de precios. El ejemplo clave era el tema de (el ex secretario de Comercio Guillermo) Moreno, cuando empezó a intervenir el trigo para que dejara de exportar, aumentó el precio del trigo en Argentina más que en el resto del mundo.

Hay que crear un sistema productivo que genere oferta suficiente para exportar y para el mercado interno. No es una cosa o la otra.

En la carne también. Si exportás más productos de valor, podés tener el asado y el vacío más barato acá, que es lo que sucede en Uruguay. Las tres patas que generan desarrollo son el consumo interno, la exportación y los flujos de inversiones. Un sistema que sólo genera el mercado interno y no la exportación y los flujos de inversiones es de corto plazo, que fue lo que pasó en la década pasada.

-¿Hoy ve un equilibrio?
-No puedo dar datos objetivos porque no estoy siguiendo el tema. Me parece que se está dejando de desestimular las exportaciones, porque Argentina no es un país abierto, es un país cerrado y sigue siendo cerrado. Falta mucho más. Hace falta exportar mucho más. Hace falta fortalecer el consumo interno mucho más y hace falta que vengan inversiones para generar más oferta y más inversión y la mayor oferta hace que los precios sean competitivos.

INVERSIONES Y PROBLEMAS POLÍTICOS

-¿Por qué hasta ahora no llegaron las inversiones productivas?
-Por varios temas. Uno es que el Gobierno no ha tenido resultados muy claros sobre los desequilibrios macroeconómicos, hacia dónde vamos y en qué plazo. La inflación todavía es una duda y el déficit fiscal, también. Un inversor internacional piensa para qué venir a correr el riesgo ahora si todavía no se sabe muy bien (como va a quedar) el tema político y cómo va a ser la oposición.

-¿La incertidumbre política de corto plazo influye en el inversor externo?
-Sí. Un inversor de afuera pregunta qué pasa después de Macri, porque va a poner dinero hoy que va a retornar dentro de dos o tres años con otro gobierno. Son cosas que hacen que un inversor de afuera sea más cauto de lo que pensábamos.

-¿Qué pasa con las inversiones de los empresarios locales?
-Un inversor de acá piensa como un inversor extranjero. Uno quisiera que los inversores argentinos diéramos el paso porque confiamos en el proceso y entendemos más de lo que pasa en Argentina, pero eso no está pasando porque los inversores locales tampoco la tienen muy clara.

-Ve cierto nivel de escepticismo en los inversores…
-No, no es escepticismo. Hay todo un nivel de euforia con Argentina en el mundo. Se están dando las condiciones para que esas inversiones lleguen y me da la impresión de que después de las elecciones van a llegar muchas más de las que pensamos. Sobreestimamos la reacción de los inversores con el triunfo de Macri. No es suficiente que gane Macri. Se necesitan cosas bastante grandes para resolver los temas macroeconómicos y el tema político. Tendría que haber más inversiones de los argentinos, pero hay muy pocas.

-¿No es contractivo activar inversiones productivas con tasas de interés tan altas?
-Es una restricción importante que hace que la gente decida no apostar a inversiones productivas y sí en inversiones financieras.

-¿Hubo una falta de acompañamiento del sector productivo al Gobierno?
-La racionalidad de un empresario es tratar de que sus empresas funcionen, subsistan y se mantengan en el tiempo. Ése es el rol que tenemos los empresarios. Y el del Gobierno es tratar de generar políticas públicas que equilibren a la sociedad, digamos. Me parece que cada uno tiene su rol. La tasa de interés, la presión impositiva, los problemas de integración al mundo, el estado de la calidad y la falta de inversión son muchas cuestiones que hacen que un empresario no pueda invertir, porque pone en juego al resto de sus empresas.

Endeudarse hoy para hacer una inversión es complicado. Ahora, el Gobierno está reaccionando frente a esa situación. No es que la desconozca. Está buscando programas especiales, atendiendo problemas específicos: estos planes de competitividad por sector, las negociaciones colectivas por sector, hacer que la banca pública dé créditos con tasas especiales… está pensando en reducir impuestos, que es algo nuevo.

-Entonces no es tan fácil manejar el Estado como a una empresa.
-Obviamente no. A este gobierno se lo critica por ser de CEOs o de empresas, pero está manejando políticamente el Estado, no como una empresa. Si lo manejara como una empresa echaría gente, achicaría el déficit y generaría una devaluación para manejar el costo laboral y no lo está haciendo.

-¿No hay un poco de presión para que haga eso, al menos de un sector del empresariado?
-Es que probablemente no lo haga no por voluntad y convencimiento, sino porque políticamente es lo que puede hacer. Me parece que un gobierno peronista con más plafón social seguramente hubiera devaluado y hubiese empobrecido más que este gobierno. Tenía más sustento político para hacerlo. Muchas veces las reformas sociales de derecha las hacen los gobiernos de izquierda y viceversa. Tienen más legitimidad.

-¿Daniel Scioli o un candidato del kirchnerismo hubiese hecho lo mismo?
-A nivel social hubiese sido peor. Hubiesen devaluado. No lo dicen, pero no hubiesen hecho gradualismo sino shock. Es lo que siempre hizo el peronismo para resolver las crisis. En Argentina, las crisis se arreglaron con shocks: en 2002, en el ’91. Cuando salíamos del radicalismo hubo shock. Intentó Menem hacer gradualismo el primer año, le fue mal e hizo shock. Duhalde hizo shock. Hay mucha gente que piensa que tiene que hacerse así. No lo dice pero lo piensa. Éste podría ser el primer caso en la historia reciente donde un gobierno no peronista hace gradualismo y tiene éxito. Esperemos que tenga éxito, porque lo contrario significa mal para todos.

-Cambiemos devaluó cuando salió del cepo cambiario y el dólar llegó a $16.
-Yo creo que no devaluó. Primero, había una devaluación de hecho y, después, lo que hizo fue alinear y transparentar los números que había. Este año hubo una inflación del 40% y la devaluación fue de cero.
“La realidad es compleja. No se puede decir que todo va bien o todo va mal.”

-¿Eso no es un problema?
-Es un problemón, pero no es que el Gobierno devaluó. Scioli dijo que iba a llegar a 20 pesos y no solo no llegó a 20, sino que ahora, que tendría que estar en 20, está en 15.

¿CHINA O ESTADOS UNIDOS?

-Recién hablaba de China y Estados Unidos. El Gobierno parece estar en una posición difícil en lo comercial con los dos países.
-Nosotros tenemos que relacionarnos con todo el mundo, con todos los lugares donde haya una oportunidad para generar un intercambio de bienes y servicios. China es un destino muy importante. Las oportunidades que tiene para vender pollo, lácteos, carnes y demás son enormes. Tenemos que negociar con China no solo para venderle granos, sino también algún producto con valor agregado. Lo mismo con Europa. Allá tenemos el escalamiento arancelario: no podés vender valor agregado porque pagás más intereses. O sea, con Europa hay que hacer un tratado de libre comercio.

-Todo lo que menciona hasta ahora en la entrevista son objetivos a mediano plazo. ¿Eso no condiciona políticamente para que haya una continuidad del modelo político que usted plantea?
-Condiciona políticamente y por eso creo que tenemos que tener cierta paciencia. Obviamente criticar, participar del debate, pero también tener cierta paciencia. La evaluación de este gobierno se tiene que hacer una vez que se vaya, no ahora, después de un año.

-Si hablara hoy con un industrial le diría que Cambiemos ya tiene casi medio gobierno cumplido.-Bueno, pero sé de muchas industrias que están hablando con el Gobierno sobre la manera en que las está ayudando con la transición. La mayoría de las industrias débiles está trabajando con el Gobierno. La textil, el calzado, por ejemplo. Son industrias a las que el Gobierno no les cerró la puerta. Les está dando muchos beneficios para que puedan hacer la transición. Muchos empresarios se quejan porque no quieren cambiar: quieren seguir toda la vida subsidiados por la sociedad. No digo que esté mal. Lo que tengo que decir es que la sociedad tiene que estar dispuesta a gastar dinero en el subsidio a un determinado sector y saber que eso le cuesta no hacer otras cosas, poner sobre la mesa eso.

PERONISMO Y OCTUBRE

-¿Qué es lo peor que puede pasar en las legislativas de octubre?
-No es un problema de octubre o no octubre, sino que no haya una oposición de calidad que entienda lo que está pasando en el mundo, la globalización y todos estos procesos.

-¿Quiénes son los dirigentes de esa oposición?
-Hay un debate interno dentro del peronismo que es bastante claro. Aparecen nuevos líderes jóvenes que han sido ministros dentro del gobierno K que están empezando a levantar esta bandera.

-¿Qué bandera?
-La bandera de una oposición peronista con posibilidades de ser poder, pero que no discute la dirección del barco. Estamos en un mundo que es globalizado. Hay un capitalismo que hay que mejorar porque tiene un montón de problemas. Hay que incluir, salir de la pobreza y generar inversiones.

-¿Hay otros peronistas que discuten eso?
-Hay mucha gente del gobierno anterior que piensa que el problema es de redistribución y que esa redistribución se da en conflictos. La economía de la globalización es colaborativa, no de conflictos. Conflictos es del siglo XIX.

-¿La ideología también es del siglo XIX?
-No, es una ideología que está cambiando. El capitalismo de hoy no es el mismo del siglo XIX. Es diferente porque el mundo cambió. Y el mundo está cambiando muy rápido, con lo cual, si no empezamos a entender que vamos a una nueva división del trabajo, a un desplazamiento del trabajo hacia otros que hoy no existen, a un alargamiento en la vida de las personas, la incorporación de la mujer en el trabajo…

-Volviendo a lo que decía de industrias que son menos competitivas. Hay muchas que están localizadas geográficamente en el primer cordón del Conurbano. ¿No es un problema el impacto electoral que pueda tener eso?
-Sí, claro. Es algo que fuimos creando a lo largo de los últimos años y fuimos tomando medidas reparatorias. No eran medidas para construir futuro ni sacar gente de la pobreza sino tratando de reparar los problemas que se habían generado. En este momento, tenemos que seguir reparando, pero en paralelo empezar a proyectar otras formas de integración fundamentalmente de los hijos de esa gente. Eso lo tiene que hacer no solo el Gobierno, sino la oposición: tener un plan que vaya más allá de las elecciones. Yo no dramatizo tanto en que haya un cambio en las elecciones. Me preocupa más no tener esa mirada hacia adelante.

-¿Si el gobierno no obtiene un buen resultado este rumbo del barco se cuestiona?
-Lo que se interpretaría como una vuelta para atrás es que gane el sector peronista más K, que piensa que el barco va en una mala dirección. Eso sí podría ser más grave, pero no lo veo como posible. En general, la gente, haya o no votado a este gobierno, cree que hay que generar un rumbo determinado que va más allá de las personas. Visualizo a este gobierno como uno de transición, bisagra. Hay que regenerar una nueva elite política.

-Algo que puede o no ser Pro en el futuro.
-Puede no ser Pro en el futuro. Es más, es buena la alternancia en el poder. La que estamos viviendo es una experiencia nueva en Argentina: es un gobierno no peronista, minoría que toma el poder en una coalición bastante amplia y que lleva adelante una política de modernización en medio de todo un contexto global donde se discute todo eso.

-¿El Gobierno le pide consejos?
-Estoy en el Consejo de la Productividad, que depende del Ministerio de Producción. Sí que me piden. Acabo de terminar un trabajo para el Plan Belgrano de algunas cadenas de valor y la competitividad. Yo nunca creí en la representatividad, sí en los liderazgos. Fui uno de los refundadores de la Sociedad Argentina del Girasol, que es una innovación en el tema de organizaciones porque representa al bien común y no a un interés corporativo, y durante mi presidencia puse mucho foco en que los miembros de la comisión directiva no fueran representantes de nadie sino que fueran líderes.

-Ahora, todo ese modelo que le parece más viable choca con el modelo de la representación industrial.
-Totalmente, pero esa es la crisis que tiene la representación industrial. La UIA es un conglomerado de gente muy diversa con intereses diversos y problemáticas diversas. Cuando la mezclás, anulás las diferencias o le sacás riqueza. No estoy de acuerdo con que la empresarialidad tiene que tener un representante o un interlocutor. Tiene que tener muchos y ver la diferencia.

-¿Se necesita una renovación en la dirigencia empresaria o en sus formas?
-Más que en la dirigencia, en las empresas. Estamos esperando que los mismos empresarios de antes hagan cosas distintas y no las van a hacer. Tienen que venir nuevos empresarios. Están apareciendo. Aparecen empresarios más jóvenes. Hay espacios en los que se empieza a ver un nuevo liderazgo que está asomando. Hay que dejar que eso funcione.


Por: Gabino Rebagliati. Fuente: letrap.com.ar

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