De acuerdo con datos de la ONU, en 2025 la población del mundo va a ser de 8.300 millones.

Casi el 85% de ese crecimiento va a tener lugar en países de Asia, África y Latinoamérica, donde el ingreso per cápita está aumentando 3,5% más rápido que en países desarrollados. En este contexto, el consumo de alimentos en los países emergentes se va a disparar. .

Brasil y el resto de los países del Mercosur enfrentan una oportunidad única: hay una creciente demanda global por productos de origen agropecuario (alimentos, fibras y energía) en todos los sectores, y esta región tiene la posibilidad de satisfacer esa demanda.

Hasta ahora esta demanda de alimentos por parte de los países emergentes ha provocado que las exportaciones de Brasil crecieran un 20% anual en los últimos años, mientras que los en los países desarrollados sólo crecieron a la mitad de ese ritmo. Esta es la explicación al aumento sostenido de los precios de las commodities.

Como ocurre en muchas otras industrias, Brasil será el motor del crecimiento agrícola de esta región.
Durante los últimos 20 años, el área sembrada del país mostró un crecimiento del 24%, mientras la producción trepó un 147%. Esto significa un 100% de aumento en la productividad. Durante el mismo período, la producción de pollos se duplicó, la de cerdo aumentó un 130% y la de carne, más de 80%.

Pero Brasil y sus socios del Mercosur también tienen potencial para la producción de energía. Hoy, Brasil produce más de 70 millones de hectáreas con granos y 180 millones con pasturas, y puede duplicar esa superficie si avanzara sobre nuevas pasturas aumentando su actividad promedio en 30%. Tiene la posibilidad de triplicar la superficie sembrada en función de la generación de biocombustibles sin tener que competir con la producción de alimentos.