MENU

Los Grobo en los Medios

25 Abril, 2016
Los cambios y el futuro del agro, en la mirada de tres líderes clave
Gustavo Grobocopatel, de Los Grobo; Alejandro Elsztain, de Cresud, y Gerardo Bartolomé, de Don Mario, analizaron a fondo el cambio de reglas de juego para el sector, el peso que tendrá en la economía que viene y hasta el rol de los empresarios.

Con el cambio de Gobierno cambiaron también las reglas de juego para el sector agroindustrial. La gestión de Mauricio Macri arrancó eliminando retenciones para el trigo, el maíz y otros cultivos, reduciéndolas para la soja y pasando al olvido el sistema de ROE que trababa la comercialización de productos, además unificar el tipo de cambio. Hay un nuevo escenario.

Para analizarlo, iEco reunió a tres reconocidos empresarios del agro. Gustavo Grobocopatel (CEO del grupo Los Grobo), Alejandro Elsztain (gerente general de Cresud) y Gerardo Bartolomé (presidente del semillero Don Mario), debatieron en profundidad la situación de la agroindustria, pero también su impacto en la economía y la percepción social que hay sobre este sector.

Bartolomé, quien fundó en 1980 en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, el semillero que ahora es líder en venta de semilla de soja en Argentina y Brasil, abrió el fuego diciendo que, luego de las medidas que tomó en los primeros días de gestión, en diciembre, “más no se le puede pedir al Gobierno”.

Para él, lo bueno es que “ahora el negocio está en manos de los agricultores”. De todas maneras, advierte que, aun con los cambios que se produjeron, “la rentabilidad no es la mejor para la nueva campaña que va a comenzar: la 2016/17”.

Hay consenso entre los economistas en que el PBI de la Argentina tendrá una caída este año cercana al 2%. El agro ayudará a que esa cifra no sea más alta, porque se estima una fuerte suba del área sembrada, sobre todo en trigo y maíz, que ahora no tienen retenciones. La soja, en la que bajaron del 35% al 30%, mantendría su superficie. Además, crecerá la inversión en tecnología en los cultivos, lo que dinamizará toda la cadena comercial.

De todas formas, aunque es muy reciente, hay que evaluar los daños que dejó el extendido temporal de lluvia en plena cosecha de este ciclo agrícola que está por terminar.

En ese contexto, Elsztain (cuya empresa es la principal dueña de tierras del país, además de tener los shoppings más importantes de la Argentina y grandes desarrollos inmobiliarios) tiene una visión optimista sobre el agro, aunque no deja de reconocer algunos problemas. “Hay una caída mundial en los precios de los granos que es importante y el crecimiento de China se redujo del 10% anual al 5%”, consideró. Para lo primero, dijo que hay una explicación clara que no puede perderse de vista. “El mundo viene de dos muy buenas cosechas y eso hace que bajen los precios, pero creo que es una situación coyuntural”.

Grobocopatel, quizás la figura más conocida de estos empresarios para la gente común, es un ícono de las redes bien argentinas de producción en el agro, que integran a dueños de campos con agricultores sin tierra y contratistas de distintas labores. Sobre esa base, extendió sus negocios a Brasil, Uruguay, Paraguay y otros países, y se metió en la producción y venta de agroquímicos, el asesoramiento internacional y hasta molinos harineros y fábrica de pastas. Con ese background , también reconoce el cambio de aire, pero dice que la gente no debe creer que el agro está otra vez como en sus mejores épocas.

“Hay mucho desconocimiento sobre lo que pasa en el campo. Los cambios que introdujo el Gobierno fueron positivos, porque reparan algunos errores graves de la gestión anterior y generan una nueva situación en la que se puede sobrevivir, pero la presión impositiva continúa muy alta, con niveles cercanos al 70%”, afirmó. “La rentabilidad en soja es baja o incluso nula en algunas regiones”, agregó.

Mientras se recuesta en el respaldo de su silla y se frota las manos, Grobocopatel dice que “la sociedad tiene que tener conciencia del enorme esfuerzo que hace el productor y, en ese sentido, creo que es positivo que el Gobierno tenga vocación de escuchar, pero la competitividad es un problema permanente que no se soluciona solo con estas medidas. En esta situación es difícil pensar en seguir industrializando la producción. Quizás este sea un debate para otro año y no para el actual. Pero si la situación no cambia, va a restringir el crecimiento de la producción”.

Elsztain, acostumbrado a mirar al exterior, donde fondea buena parte de los negocios de Cresud, cree que hay una situación clave que no puede soslayarse y que afecta a todos los países con un fuerte peso del agro en sus economías: la baja de los precios internacionales. Agrega que “el Gobierno hizo un esfuerzo grande” y que la Argentina no puede pasar de ser un país con retenciones a otro con subsidios.

Además, ve otro dato para ser optimista hacia el futuro: que los países asiáticos seguirán creciendo y asegurarán la demanda de los productos argentinos.

Grobocopatel concuerda con ese diagnóstico, pero cree que muchos argentinos pueden tener hoy una idea equivocada de lo que está pasando en el agro y “pensar que estamos muy bien cuando no es así”.

Dice que el compromiso del sector con la sociedad debe ser “generar trabajo para ser parte de la solución, pero para eso tienen que generarse las condiciones”.

Bartolomé escucha atentamente a sus colegas en la mesa literalmente redonda en la que se reunieron para hablar con iEco y, cuando surge el tema de generar trabajo, dice que hay una cuestión estratégica en ese sentido para la industria semillera, que está en la base de toda la cadena agrícola: una nueva Ley de Semillas.

“Necesitamos una norma que permita que cobremos por nuestros desarrollos, sean derivados de la biotecnología o de los avances en el germoplasma que hay en las semillas. Esto va más allá de una empresa, porque se ha personalizado mucho en Monsanto, pero afecta a todas las compañías que invierten en el país”, explicó el ejecutivo.

Luego, introduce otro tema que es muy argentino en la agricultura: los alquileres. Es que aquí más del 60% de las siembras las realizan productores que trabajan sobre campos de terceros.

“Creo que es central resolver el tema de los alquileres, de manera que se establezca algún sistema que permita que se hagan acuerdos a por lo menos 3 años, porque la mayor parte de la agricultura argentina se lleva a cabo sobre campos alquilados y es una cuestión clave para darle estabilidad a los emprendedores”, agregó.

Hablando de estabilidad y de inversiones, surgió el tema sobre si cambió en estos meses la percepción que hay desde el exterior hacia la Argentina y el sector agroindustrial. Para Elsztain, “hay un nivel de interés impresionante en el país. Resuelto el tema de los holdouts, va a entrar un flujo muy importante de inversiones, que también llegará al agro una vez que baje la tasa de interés internacional un poco más, porque la tasa de retorno que ofrece el sector es baja”.

El líder de Don Mario dice que ellos están invirtiendo en una nueva planta de semillas en Chaco para abastecer al norte argentino y países vecinos. “Nos interesa estar donde está la soja: en Brasil siembran 32 millones de hectáreas y en Argentina implantamos 20 millones. También estamos lanzando nuestra genética en EE.UU., donde queremos tener 5% del mercado en 5 años”, explica Bartolomé.

Aunque por estos días los números de la cosecha están en duda por las fuertes lluvias de las últimas semanas, se estima que se obtendrán unos 100 millones de toneladas, un nivel similar al de la última campaña. Pero, para la próxima, sobre todo por el impulso del trigo y el maíz, se calcula un crecimiento cercano al 20%.

“Los productores tienen que lograr que sus campos expresen todo el potencial que tienen, invirtiendo y haciendo las cosas bien”, afirma Elsztain. Y Grobocopatel sostiene que el agro “puede ayudar a generar empleo, inclusión, pero necesita apoyo para eso”.

Bartolomé concuerda con los dos y agrega que, como argentino, le gustaría “que la soja no impactara tanto en la economía”. El responsable de Cresud también va en esa línea cuando afirma que hasta hace poco “parecía que el campo era mala palabra en la Argentina”, pero cree que “aunque sea el símbolo del país, con el agro solo no alcanza para salir adelante”.

Y Grobocopatel, para cerrar, introduce una visión que va más allá de la agroindustria, sobre el rol de los empresarios de cualquier sector. “La sociedad cree que nosotros, los empresarios, deberíamos resolver los temas y no lo estamos haciendo … quiere algo más de nosotros: que nos involucremos en la generación de empleo, y que sea de calidad. Ese es el desafío que tenemos, en el agro o más allá de él”.

--
Fuente: ieco.clarin.com

Volver